Si alguien quiere saber cómo educar bien y perfectamente a los niños, debe preguntárselo a los que no los tienen. (Richard Hugo)
El objeto de la educación es preparar a los jóvenes para educarse a sí mismos a lo largo de sus vidas. (Robert Maynard Hutchins)
La educación hace a la gente fácil de guiar, pero difícil de arrastrar; fácil de gobernar, pero imposible de esclavizar. (Henry Peter)

viernes, 27 de enero de 2012

Análisis de un texto novelesco

Ejercicio de análisis de un texto novelesco. Debéis leer el siguiente texto y justificar en él las características de la novela explicadas en clase y resumidas en la entrada de este blog del día 9 de enero. Redactarlo con ayuda de citas del texto que justifiquen lo que decís y enviarlo por correo electrónico antes de las 15:00 horas del viernes 3 de febrero.


           Me refugié bajo un portal. De la casa de enfrente llegaban las notas de un vals. Cesó la lluvia y en el balcón de aquella casa apareció una muchacha morena vestida de amarillo. No la veía bien allí arriba. No hubiese podido decir “su nariz sonrosada”, pero me enamoré. Quizá fue por el olor de la tierra mojada. Quizá el brillo de las goteras bajo el sol que asomaba otra vez – nos sigue de puntillas alguien que mueve las nubes, suscita clamores en los caminos sólo para que nos empujen donde a él le conviene, pero de modo que se acuse a las nubes y a los clamores-. A la muchacha se le cayó desde el balcón un pañuelo; corrí a recogerlo y entré en el portal escaleras arriba. En los últimos peldaños me esperaba la muchacha.
- Gracias – me dijo.
- ¿Cómo te llamas? – le pregunté jadeante.
- Ana – me respondió. Y desapareció.
Le escribí una carta como nunca más he vuelto a escribir en la vida. Al cabo de un año era mi mujer. Somos felices. A menudo viene a visitarnos María, la hermana de Ana; se quieren y se parecen mucho. Un día se habló de aquella tarde de verano, de cómo nos habíamos conocido Ana y yo.
- Estaba en el balcón – contó María – y de repente se me cayó el pañuelo. Ana estaba tocando el piano. Le dije: “Se me ha caído el pañuelo. Alguien viene a traérmelo”. Ella, menos tímida que yo, fue a tu encuentro y os conocisteis. Lo recuerdo como si fuera ayer. Las dos llevábamos un vestido amarillo.

Cesare Zavattini, El amor.